EDWARD THEODORE GEIN: El carnicero de Plainfield
EXPEDIENTE CRIMINAL: EDWARD THEODORE GEIN
El carnicero de Plainfield | Estados Unidos, 1954–1957
Edward Theodore Gein nació el 27 de agosto de 1906 en La Crosse, Wisconsin, Estados Unidos. Fue el segundo hijo de George Philip Gein y Augusta Wilhelmine Lehrke Gein, un matrimonio de origen germanoestadounidense que también tenía un hijo mayor llamado Henry. Durante su infancia, la familia se trasladó a una granja ubicada en las afueras de Plainfield, una pequeña comunidad rural donde Edward pasaría gran parte de su vida.
Su crianza estuvo profundamente influenciada por Augusta, una mujer de convicciones religiosas estrictas que consideraba el alcohol, la sexualidad y las relaciones con mujeres como fuentes de pecado. Su padre, George, tenía problemas con el alcohol y ocupaba un lugar menos dominante dentro de la familia. Edward creció en un ambiente aislado, con escasas oportunidades de establecer relaciones sociales fuera del hogar. Aunque asistió a la escuela y mostró facilidad para la lectura, sus compañeros lo recordaban como un niño tímido, reservado y de comportamientos peculiares.
El 1 de abril de 1940 murió su padre. Edward y Henry continuaron trabajando en la granja para mantener a su madre. Cuatro años después, el 16 de mayo de 1944, Henry falleció durante un incendio de maleza en la propiedad familiar. Las autoridades consideraron que se trataba de una muerte accidental, aunque posteriormente surgieron especulaciones sobre una posible participación de Edward. Nunca se encontraron pruebas suficientes para sostener esa acusación y la muerte de Henry no fue investigada judicialmente como un homicidio.
Después del fallecimiento de su hermano, Edward quedó viviendo únicamente con Augusta. La relación entre ambos era especialmente estrecha y su madre continuó siendo la figura central de su existencia. Sin embargo, su salud comenzó a deteriorarse y murió el 29 de diciembre de 1945. La pérdida produjo un cambio significativo en la vida de Gein, quien permaneció solo en la granja familiar.
Tras la muerte de Augusta, Edward cerró varias habitaciones que ella había utilizado y conservó aquellos espacios prácticamente intactos. Mientras tanto, comenzó a vivir en otras dependencias de la casa, que progresivamente se deterioraron. Continuó realizando trabajos ocasionales para vecinos de Plainfield, reparando objetos y colaborando en tareas rurales. Pese a sus comportamientos extraños, muchas personas lo consideraban inofensivo e incluso algunas familias confiaban en él para cuidar a sus hijos.
Durante los años siguientes desarrolló un interés cada vez más intenso por la anatomía humana, la muerte y los cuerpos femeninos. Según sus propias declaraciones, comenzó a visitar cementerios durante la noche y a profanar sepulturas de mujeres recientemente fallecidas. Afirmó haber realizado numerosas incursiones, aunque reconoció haber extraído cuerpos de aproximadamente nueve tumbas. Los investigadores comprobarían posteriormente parte de ese relato mediante la apertura de sepulturas que él mismo había identificado.
Gein trasladaba los cadáveres hasta su propiedad, donde separaba y conservaba distintas partes anatómicas. Utilizaba huesos, cráneos y piel humana para confeccionar objetos domésticos, máscaras y prendas. Entre los elementos encontrados posteriormente por la policía figuraban recipientes elaborados con cráneos, muebles recubiertos con piel, máscaras confeccionadas con rostros humanos y piezas de vestimenta realizadas con tejido corporal.
Las investigaciones también revelaron que había intentado construir una apariencia corporal femenina mediante partes de piel humana. Algunas de sus declaraciones relacionaron esas prácticas con la figura de su madre y con una profunda fijación por el cuerpo femenino. Sin embargo, las explicaciones psicológicas posteriores no permiten establecer una relación causal sencilla entre su crianza y sus crímenes. Los especialistas que lo examinaron identificaron graves alteraciones psiquiátricas que afectaban su percepción de la realidad.
El primer homicidio que Gein reconoció fue el de Mary Hogan, propietaria de una taberna situada en Pine Grove, cerca de Plainfield. El 8 de diciembre de 1954, Hogan desapareció de su establecimiento. Cuando un cliente ingresó al local, encontró manchas de sangre y señales de que había ocurrido un episodio violento. La policía investigó su desaparición, pero no consiguió localizar el cuerpo ni identificar al responsable.
Durante casi tres años, el caso permaneció sin resolver. Gein continuó viviendo en su granja y realizando trabajos para los habitantes de la región. Aunque algunos vecinos recordarían posteriormente comentarios extraños relacionados con Hogan, esas declaraciones no permitieron establecer una conexión policial en aquel momento.
El 16 de noviembre de 1957 se produjo el asesinato que finalmente condujo a su detención. Bernice Worden, de cincuenta y ocho años, trabajaba en una ferretería de Plainfield. Su hijo, Frank Worden, era ayudante del sheriff local. Cuando Frank llegó al establecimiento, encontró la caja registradora abierta, manchas de sangre y ninguna señal de su madre.
Al revisar las últimas operaciones comerciales, descubrió que Bernice había vendido anticongelante. Recordó entonces que Edward Gein había visitado el negocio el día anterior y había mencionado su intención de regresar para comprar ese producto. El comprobante de venta se convirtió en una de las pistas fundamentales de la investigación.
Gein fue localizado y detenido esa misma noche. Mientras tanto, varios agentes se dirigieron a su propiedad para buscar a Bernice Worden. En una construcción anexa a la granja encontraron su cuerpo suspendido por las piernas, decapitado y mutilado. La investigación forense determinó que había muerto por un disparo de rifle calibre .22 y que las mutilaciones se habían realizado después de su fallecimiento.
El descubrimiento llevó a los investigadores a registrar el interior de la vivienda. Allí encontraron una extensa colección de restos humanos distribuidos entre habitaciones, muebles, recipientes y objetos personales. Había cráneos modificados, huesos, máscaras confeccionadas con piel facial, prendas elaboradas con tejido humano y numerosas partes anatómicas conservadas.
Entre los restos identificados se encontraban partes pertenecientes a Mary Hogan, incluida su cabeza. Gein reconoció entonces haberla matado en diciembre de 1954. Sin embargo, sostuvo que los demás restos procedían principalmente de cadáveres extraídos de cementerios y no de nuevas víctimas de homicidio.
Inicialmente, las autoridades sospecharon que podían encontrarse ante una serie de asesinatos mucho más extensa. Para comprobar las declaraciones de Gein, los investigadores revisaron sepulturas que había señalado durante los interrogatorios. Algunas estaban vacías o habían sido alteradas, lo que permitió confirmar que efectivamente había profanado tumbas y retirado cadáveres.
La investigación estableció así una diferencia fundamental entre los homicidios y las profanaciones. Gein admitió haber matado a Mary Hogan y Bernice Worden, mientras que una parte considerable de los restos humanos encontrados en su vivienda provenía de personas que ya habían fallecido. Aunque circularon rumores sobre otras víctimas, canibalismo y necrofilia, esas acusaciones no quedaron demostradas mediante pruebas concluyentes.
Durante los interrogatorios, Gein ofreció declaraciones fragmentarias y manifestó dificultades para recordar determinados acontecimientos. También surgieron cuestionamientos sobre los métodos utilizados por las autoridades, especialmente después de que el sheriff Arthur Schley fuera acusado de haberlo agredido físicamente durante un interrogatorio. Esa circunstancia comprometió la utilización de una de sus primeras confesiones.
El 21 de noviembre de 1957 fue procesado por el asesinato en primer grado de Bernice Worden. Sin embargo, las evaluaciones psiquiátricas determinaron que padecía esquizofrenia y que no estaba en condiciones mentales de enfrentar un juicio. Fue declarado incompetente para ser juzgado e internado en el Central State Hospital for the Criminally Insane, ubicado en Waupun, Wisconsin.
Mientras permanecía hospitalizado, su propiedad continuó atrayendo la atención de periodistas y curiosos. En marzo de 1958, antes de que se realizara una subasta de sus bienes, la casa se incendió y quedó destruida. Aunque circularon sospechas de que el fuego había sido provocado para impedir que la vivienda se convirtiera en una atracción, nunca se estableció de manera concluyente su origen.
Gein permaneció internado durante aproximadamente una década. Los informes de la institución lo describían como un paciente generalmente tranquilo y cooperativo, capaz de realizar tareas dentro del hospital. A comienzos de 1968, los especialistas consideraron que había mejorado lo suficiente como para comprender el proceso judicial y colaborar con sus abogados.
El juicio comenzó el 7 de noviembre de 1968 y se concentró exclusivamente en el asesinato de Bernice Worden. La acusación presentó las pruebas que vinculaban a Gein con la ferretería, el comprobante de anticongelante y el hallazgo del cuerpo en su propiedad. La defensa planteó cuestiones relacionadas con su enfermedad mental y con su capacidad para comprender la naturaleza de sus actos.
El 14 de noviembre de 1968, el juez Robert H. Gollmar lo declaró culpable del asesinato en primer grado de Bernice Worden. Sin embargo, también determinó que Gein había estado legalmente insano cuando cometió el crimen. Por ese motivo, no fue enviado a una prisión convencional, sino que regresó a una institución psiquiátrica.
Nunca fue juzgado por el asesinato de Mary Hogan, aunque había reconocido su responsabilidad y los investigadores habían encontrado restos de la víctima en su propiedad. Tampoco se demostraron otros homicidios que permitieran ampliar judicialmente la cantidad de víctimas.
Durante los años posteriores, Gein continuó internado bajo supervisión psiquiátrica. En la década de 1970 solicitó una evaluación para determinar si podía recuperar su libertad, pero los especialistas consideraron que no estaba preparado para regresar a la comunidad. Finalmente fue trasladado al Mendota Mental Health Institute, en Madison, Wisconsin, donde permaneció hasta el final de su vida.
Edward Theodore Gein murió el 26 de julio de 1984, a los setenta y siete años, por complicaciones respiratorias asociadas a una enfermedad cancerosa. Fue enterrado en el cementerio de Plainfield, cerca de miembros de su familia. Con el paso de los años, su tumba sufrió actos de vandalismo y su lápida fue robada, aunque posteriormente fue recuperada.
El caso de Ed Gein se convirtió en uno de los más conocidos de la historia criminal estadounidense debido a la naturaleza de los hallazgos realizados en su granja y a las profundas controversias sobre su estado mental. Su historia también influyó en numerosas representaciones culturales del crimen y del terror. Sin embargo, más allá de su notoriedad, la reconstrucción documental permite establecer una realidad concreta: dos homicidios reconocidos, una serie de profanaciones de sepulturas comprobadas y una enfermedad psiquiátrica grave que determinó el desarrollo de su proceso judicial y su posterior internación.


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